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Lorenzo Fusi 
24.09.2010  

 

From: Fusi, Lorenzo. "Stepping down from the pedestal and up to an oil drum," The Biennial Blog (illust. & video)

http://blogs.biennial.com/2010/09/24/stepping-down-from-the-pedestal-and-up-to-an-oil-drum/

 

 

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Bajando del pedestal y subiendo a un barril de petróleo ¡Video actualizado!

Lorenzo Fusi

 

El curador de espacios públicos de la Bienal de Liverpool, 2010, habla sobre eventos artísticos con los que usted podrá encontrarse durante su recorrido por el festival de este año.

 

«Entre las varias apasionantes obras de arte de la muestra de la bienal de este año están una serie de acciones que tendrán lugar durante la exhibición, sin previo aviso, en las áreas más inesperadas de la ciudad.

 

Estos eventos han sido organizados y coordinados por antiguos estudiantes de la Cátedra de Arte de Conducta, una escuela anárquica de bellas artes fundada por Tania Bruguera en su ciudad natal La Habana (Cuba), dedicada a prácticas artísticas de performance que implican a la ciudad y emplean como materia prima sus componentes y elementos vitales.

 

Algunos de estos estudiantes (hoy artistas por derecho propio) animarán la bienal presentando nuevas y originales obras, y reinventando piezas seminales de Allan Kaprow.

 

La primera de estas reinvenciones tuvo lugar durante la semana de inauguración de la Bienal de Liverpool 2010, y mediante en este blog nos gustaría documentar sus diversas epifanías. Este será el único ámbito en donde existirán estas acciones, después de haber sucedido...a menos que usted haya participado en ellas, y en tal caso permanecerán en sus músculos, manos, corazón, alma y memoria.

 

«Transfer» es una obra que Allan Kaprow creó en 1968: es fácil clasificar a esta obra, podríamos definirla como una pieza de teatrocallejero o un performance medio-ambiental.

 

Un grupo de gente se reúne para transferir físicamente barriles de petróleo o desechos químicos de un área a otra de la ciudad o a sus alrededores. El modo en que ocurre el traslado de estos artículos no está estrictamente dictado. De hecho, argumentaría que el verdadero acto creativo está, precisamente, en idear el modo en que el grupo transfiere los barriles, seleccionando su destino y disponiéndolos a su llegada de forma que se cree un escenario en donde el grupo se hace un retrato fotográfico de victoria. Solo hay otro elemento prescriptivo y es que el grupo pinta los barriles con un color diferente en cada ocasión a fin de indicar el paso del tiempo y la estratificación de experiencias. En esencia, tras cada transferencia, los barriles se ven diferentes y, sin embargo, son los mismos. Adquieren una pátina diferente y se enriquecen con las experiencias de aquellos que los han trasladado.

 

En teoría, el proceso es infinito. Cada escenario y reinvención añade un nuevo estrato: aporta un nuevo capítulo a la narrativa es decir la historia de la obra.

 

Tania Bruguera y Bam Kaprow fueron los primeros artistas en reinventar «Transferencia en Liverpool».  Yo fui uno de sus colaboradores.

 

El viernes 17 de septiembre, el evento de inauguración llega a su clímax: profesionales, artistas, periodistas y amantes del arte de todas partes del mundo aguardan por los discursos oficiales que se pronunciarán en la Sala St George para luego disfrutar de la muestra privada.

 

Se percibía cierta tensión entre la mezcla de aburrimiento y exaltación que precede a cualquier ceremonia oficial. Furtivamente, un pequeño grupo de colaboradores y voluntarios apareció en una de las sedes de la exhibición donde se exponen los barriles de petróleo en su inercia, como si fueran una pieza intocable que finalmente haya encontrado su ubicación definitiva. Un letrero indica engañosamente: Transferencia de Allan Kaprow  como si dijera: esto es todo lo que se sabe.


Coordinado por Tania y Bram (al puro estilo guerrillero, el grupo comienza a cargar los barriles en un camión. La exaltación es tan contagiosa que hasta los guardias (que deberían proteger la obra de arte) colaboran en la acción.  Silenciosamente, la «escultura» desaparece y entra en el mundo; de hecho, el mundo al que deben pertenecer.

 

La camioneta resulta muy pequeña para llevar todos los barriles de una vez por lo que se requieren dos viajes. El grupo se divide. Algunos siguen al primer cargamento mientras otros esperan por que regrese el camión. Tras el segundo envío, quedan por transportar dos barriles.  Al parecer, no tiene sentido que la camioneta venga de nuevo por los dos barriles. Bram decide rodarlos cuesta abajo. El destino final es la Sala St George: el estupendo lugar construido sobre las ramas marchitas del imperio donde la ceremonia oficial de apertura tendrá lugar.

 

Tania le pidió a Lewis Biggs, director artístico de la bienal, que continuara con su discurso sin importarle lo que pudiera suceder.  No le da mucha información: todo lo que quiere es que Lewis sea quinta-esencialmente británico y no reconozca lo que pasa a su alrededor.

 

Mientras tanto, Bram y yo empujamos los barriles hacia su destino final.  Durante el trayecto, se nos ve muy despreocupados.  Parando en los semáforos, saludando a los transeúntes y entablando conversaciones espontáneas. Finalmente, llegamos a la estación central.

 


Artistas y amigos,  completamente ajenos a nuestras intenciones nos ven y nos ayudan. No decimos ni una palabra,  no damos ninguna señal. La comunicación no verbal y el apoyo fraternal son tan conmovedores que me dan ganas de llorar. Este momento de entendimiento muto se transpira tan intensamente que las sonrisas y el apoyo de testigos ocasionales se hacen aún más tangibles. Se crea un vínculo. Somos criaturas extrañas, tontas quizás, pero no malvadas.

 

Sorprendentemente, es el mundo del arte el que nos da una actitud.  Algunos «fashionistas» y otros con aires de «tú no sabes quién soy yo», en lugar de ayudarnos, nos miran por encima del hombro, con mucha lástima  y siguen de largo. «Ya he visto todo esto antes», expresan con su lenguaje corporal. Pero, de veras, ¿qué es exactamente lo que han visto?

 

Siento tanto alivio de no tener que hacer ese papel. Me complace tanto ser desenfadado y no «indolente». Hace un viento molesto: estoy cansado.

 

Todos están dentro: fluyen frases infinitamente. Nuestros barriles de petróleo se ven bellos al lado de la columnata griega, esperando a que los suban por las escaleras. Nos miramos con angustia: tenemos que hacer otro esfuerzo y allá vamos.


En lugar de grabar lo que ocurre, un periodista de la BBC  se quita la chaqueta y se pone a cargar barriles. Estamos empapados en sudor. Sonreímos.  Hay algo prodigioso, un aura que nos mantiene en movimiento.  Somos imparables. El personal del St George se muestra amable, sabían que vendríamos pero no lo pueden evitar: están interesados y preocupados.  «Esto es un edificio cotizado en bolsa»,  no paraban de decir.

 

Estamos centrados pero serenos. Parecemos indefensos, pero lo cierto es que estamos entrando en el lugar con más de 60 barriles de petróleo. Es una situación surrealista: somos como una señora mayor que llevara un bastón en una mano y una pistola en la otra. Sin duda, somos vulnerables y fuertes.

 

Lewis habla mientras nos abrimos paso.  Uno por uno se van agrupando los barriles frente al escenario.  Los apilamos.  El orador va desapareciendo gradualmente solo se escucha su voz. Sobre el suelo se han dispuesto grandes láminas de plástico. . . intentamos ser lo más meticulosos posible. Creamos una escena de crimen correcta.

 

No veo a nadie. No escucho a nadie. Ellos no están allí.  Maniobrar con grandes barriles de petróleo cuando debes atravesar una masa grande y densa de público no es tan fácil como parece. Sin querer, le doy a una persona: «Lo siento», digo.

 

Ya están todos allí (los barriles, quiero decir): Es hora hacer nuestras marcas en ellos.   Aparecen latas de pintura aerosol.  El personal de la Sala St. George queda paralizado. De algún modo, confían en nosotros, pero ya no parecemos tan inocentes.

 

En la superficie blindada de los barriles se pintan cruces blancas.  Es un simple gesto.  Al fin los barriles parecen lo que realmente son y representan: simbolizan una sociedad contaminada en exceso. No hay que agregar nada más: Clic, se hace una foto. Nos vamos. Y también los barriles.

 

No he dormido en toda la noche pensando en este evento.  Probablemente, no ha conmovido a nadie más que nosotros.  Pero me ha energizado tanto que deseo que lo mismo ocurra alguna vez en la vida de otras personas. '


 

 

 

 

Traducido al español por Ernesto Alvarez Valdivia