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Tania Bruguera 
12.06.2013 

 

De: Bruguera, Tania "La Dignidad no tiene nacionalidad", Texto presentado en TED Global 2013, Sesión "The World on Its Head (Elmundo patas arriba)". Curado por Bruno Giussani, Nassim Assefi y Gabriella Gómez-Mont. Centro Internacional de Conferencias de Edimburgo (EICC). 12 de Junio del 2013. Edimburgo, Escocia (video).

 
Foto: James Duncan Davidson

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La Dignidad no tiene nacionalidad

por Tania Bruguera

 

 

Mi padres fueron parte de una generación que creyó en las posibilidades de la utopía, por eso fueron parte de una Revolución. Ambos creyeron en una Cuba mejor y en un mundo mejor. Mi educación emocional fue fundada en esos preceptos.

 

Entonces crecí y vi las contradicciones entre la propaganda oficial cubana y la realidad; vi la complejidad que había entre los argumentos del gobierno y mis experiencias. Decidí ser artista.

 

Mi arte navega entre lo utópico y lo real, entre lo prometido y lo cumplido. Mi trabajo es sobre el imaginario político.

 

Pero lo que me definió como artista pasó hace veinte años, y desde entonces no lo he compartido. Hoy compartiré esa historia con ustedes. En 1993 cuando era una joven artista decidí hacer un periódico como parte de mi arte.

 

Para ello invité a otros artistas a colaborar. El periódico tomó vida propia y empezó a ser fotocopiado, leído y distribuido por su propia cuenta.

 

Las autoridades prestaron atención a esto. Para ellos más que el contenido del periódico, lo que fue inaceptable fue el gesto atrevido que sugería que trataba de crear una prensa independiente. Esto era hace veinte años y todavía es hoy, un acto ilegal.

 

Fui llamada al Consejo de las Artes para ser advertida y disuadida de seguir con el proyecto del periódico. Pero por supuesto, saliendo de esas oficinas corrí a la imprenta para terminar el segundo número, que era aún más político.

 

Mi padre, que era embajador en ese momento, fue llamado para arreglar este "problema". Vino a mi casa y me dijo que le diera los periódicos que no habían sido distribuidos todavía y me dijo que iríamos a dar un paseo. Nos montamos en el carro y manejamos hasta una casa donde nos esperaban dos oficiales de la Seguridad del Estado del Ministerio del Interior para interrogarme en su presencia.

 

Nunca revelé dónde o quién había impreso el periódico. Sabía que esto tendría consecuencias. Miré a mi padre, no pude entender la expresión en su cara. Regresamos al carro en silencio y nunca más hablamos de este incidente.

 

Fue entonces, cuando el tema de la censura se convirtió en el tema central de mi trabajo, cuando entendí la diferencia entre crear arte sobre la política y hacer arte que opere políticamente.

 

Lo que ustedes vieron no es un mitin político, es uno de mis performances en un evento artístico internacional en la Habana. Un minuto de libertad de expresión, un micrófono abierto en Cuba significa algo muy diferente. Por la primera vez en cincuenta años, hubo personas que se pararon a decir cosas que sólo había sido capaces de decir en voz baja y con miedo a sus amigos más cercanos.

 

Sólo un evento artístico pudo proveer este espacio de libertad. Es por eso que creo con tanta fuerza y tanta intensidad en el arte como un agente de cambio social, como un ensayo de la realidad, un ensayo del futuro.

 

Este evento se salió de la escena artística y rodó por las calles como una especie de leyenda urbana.

 

Pero esta obra no hubiera pasado de esta manera, no hubiera tenido el mismo impacto, si hubiera sido hecha en otro momento, porque respondía a una tensión política específica.

 

A esto le llamo arte específico al momento-político (political-timing specific art)

 

El arte y la política tienen muchas cosas en común.

 

Ambos imaginan el futuro, ambos usan las emociones y manejan el poder de los símbolos. El arte,como la política, afecta a las personas; y yo estoy interesada en ese espacio donde arte y política coinciden. Para poder transformar lo que nos afecta socialmente en efectividad política.

 

En mi trabajo trato de crear situaciones que parezcan lo más real posible para que las personas que están en el público se transformen en ciudadanos activos.

 

Esto fue en un museo, estos no son actores, es la policía montada a quien le di las instrucciones para que utilizaran las técnicas de control de masa con los visitantes del museo.

 

Este fue un performance que no se anunció para que las personas se comportaran libremente y de acuerdo con sus propias memorias y experiencias políticas. A esto le llamo Arte de Conducta.

 

Este performance se repitió seis veces, fue en Londres, y sólo una vez alguien cuestionó la acción de la policía.

 

Mi arte se hace de forma realista y se convierte en parte de la realidad. Nuestra realidad está cambiando, se está convirtiendo en móvil y global. Pero para este nuevo mundo global necesitamos construir una sociedad cívica global.

 

La globalización no debe ser algo que sólo se refiere a la economía, sino a la libertad y a los derechos de las personas a moverse y a decidir dónde y cuándo quieren contribuir con su trabajo y su conocimiento.

 

En un mundo global todos deberíamos ser ciudadanos, porque la dignidad no tiene nacionalidad.

 

Pero en estos días, los objetos cruzan las fronteras con más derechos y protección que las personas. Los inmigrantes son sujetos censurados; no pueden ser personas completas porque no les es permitido tener derechos y no les es permitido ser sujetos políticos.

 

Es por esto que estoy trabajando en la creación de un Movimiento Inmigrante Internacional.

 

Para esto uso el ARTivismo: donde el conocimiento creativo junto al conocimiento práctico generan el conocimiento político.

 

Pero hacer arte político es también hacer un arte que le hable a los políticos, es entrar en su territorio.

 

Fui invitada recientemente a las Naciones Unidas como experta cultural para trabajar con otros expertos en el primer documento sobre los derechos culturales y la libertad de expresión artística. Allí oí tantas historias de censura y el uso de tantas diferentes justificaciones para ejercerla, que me hicieron acordar de mi padre.

 

Finalmente entendí la expresión en su rostro mientras estaba siendo interrogada por la Seguridad del Estado. En nuestra última conversación me dijo: Estoy orgulloso de ti.

 

Aprendí de él que confrontar la censura nos hace más fuerte.

 

Espero que él haya entendido a través de mi trabajo que el arte puede ser útil porque a través del arte podemos empezar a construir un mundo que funciona de una manera diferente.