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Tania Bruguera 
Noviembre 2012 

 

De: Bruguera, Tania “Reflexiones sobre el Arte Útil", ARTE ACTUAL: Lecturas para un espectador inquieto.  Contribuciones de Juan Vicente Aliaga, Yayo Aznar, Ferran Barenblit, Tania Bruguera, Fernanda Carvajal, María Cunilera, Nike Fakiner, Aurora Fernández Polanco, Dora García, Victoria Gil-Delgado, María Íñigo Clavo, Pedro Lasch, Rogelio López Cuenca, Pablo Martínez, María Ruido, Hito Steyerl, Francesc Torres, Jaime Vindel. Ed. Yayo Aznar y Pablo Martinez. CA2M Centro de Arte Dos de Mayo, Direcci p;oacute;n General de Bellas Artes del Libro y de Archivos. Comunidad de Madrid. Noviembe de 2012. Madrid, España (ilust.) pp. 194 - 197. 

ISBN 978-84-451-3443-6

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Reflexiones sobre el Arte Útil

por Tania Bruguera

 

 

El impulso natural de un artista es tratar de comprender las cosas que lo rodean y compartir con los demás las preguntas que se hace y las respuestas que encuentra.

 

El sentido del Arte Útil es imaginar, crear, desarrollar e implementar algo que, creado desde la práctica artística, brinde a la gente un resultado claramente beneficioso. Esto es arte porque es la elaboración de una propuesta que no existe todavía en el mundo real y porque es hecho con la esperanza y la creencia en que algo puede hacerse de un modo mejor, incluso cuando las condiciones no estén aún allí para que así ocurra. El arte es el espacio a partir del cual uno se comporta como si existieran las condiciones para que ocurran las cosas que uno quiere que ocurran y como si todos estuvieran de acuerdo sobre lo que proponemos, aunque eso todavía no sea así, es vivir el futuro en el presente. El arte es también hacer creer, aunque sepamos que no tenemos mucho más que la creencia misma. El arte es ir practicando el futuro.

 

Arte Útil tiene que ver con la comprensión de que el arte, solamente como proposición, ya no es suficiente. El Arte Útil pasa del estado de proposición al de aplicación en lo real. Tiene que ver con comprender que las propuestas que proceden del arte tienen que dar su siguiente paso y ser aplicadas, que tienen que dejar la esfera de lo inalcanzable, de la imposibilidad deseada, para ser parte de lo existente, de la esfera de lo real y funcional;  ser una utopía realizable. Mientras el Arte Útil puede ser como un programa piloto o beta donde los participantes pueden experimentar cómo se siente vivir en ese mundo propuesto, tiene sin embargo que presentarse como algo real. Debe mostrarse/compartirse con quienes puedan hacer que funcione en un formato a largo plazo, es decir, las personas que se benefician de la propuesta y que la pueden llevar a un estado, a una existencia más permanente. El arte hecho como Arte Útil no tiene una obsolescencia planificada; por el contrario, es una propuesta que otros pueden tomar y continuar sin intervención ulterior del artista. El artista propone su duración posible: algunos proyectos se imaginan breves y concretos; otros, se desea que tengan una repercusión más larga en la vida de la gente, que la sociedad en su conjunto se los apropie. El Arte Útil no tiene que ver con el consumo, sino con hacer que algo ocurra.

 

El Arte Útil es transformar el afecto en eficacia.

 

Para el Arte Útil el fracaso no es una posibilidad. Si el proyecto fracasa, no es Arte Útil. El artista tiene el desafío de encontrar formas en las que su propuesta pueda funcionar realmente, no es algo imposible de lograr. De modo que los medios por los cuales se hace el arte no dependen de un ideal caprichoso del artista, sino de los límites que imponen lo que realmente puede alcanzarse y hasta dónde puede empujarse la realidad a lo que se ha soñado. Por tanto, los límites de un proyecto de Arte Útil se determinan a partir de la relación con la gente para la cual se hace y las transformaciones de las condiciones dentro de las cuales se hace la obra. El momento perfecto aparece cuando el proyecto ya está en movimiento, cuando la gente para la que se hizo lo comprende, cuando lo expropian del artista y lo hacen suyo. El Arte Útil interviene en la vida de la gente y es de esperar que se convierta en parte de ella.

 

El Arte Útil no guarda relación con una visión que ve falsamente el bien en todo, sino que confía en la posibilidad de crecimiento de las personas. El artista que hace arte social no es un chamán, un mago, un sanador, un santo o una madrecita; está más cerca del maestro, del negociador, del constructor de comportamiento y estructuras sociales. El Arte Útil funciona directamente en / con la realidad. El Arte Útil piensa en una sociedad distinta.

 

Arte Útil es una forma de practicar el arte social. Es un material (artístico) socialmente coherente que funciona como punto de entrada para el público. Con demasiada frecuencia se oye hablar sobre la barrera existente entre la obra de arte y el público no informado al que le es imposible acceder a la obra. La utilidad de la obra para el público es, desde mi punto de vista, la clave de cómo solucionar esta barrera de comunicación e interés por parte del público no-informado / no iniciado en el arte contemporáneo. Es un desplazamiento del uso de los recursos como la metáfora, las alegorías, etc., como entrada para comprender la idea de la obra por el uso de la utilidad como sistema de interpretación de la obra.

 

Si uno trabaja el Arte Útil, ¿qué hay más gratificante que ver su idea incorporada a la vida cotidiana de la gente? ¿O en un programa social de una ciudad? ¿O en matices del léxico de las personas? Eso me parece el lugar natural de las obras de arte útil que alcanzan su nivel mayor de popularidad y efectividad. Del mismo modo que las imágenes basadas en el arte visual llegan a vivir como parte de una cortina de baño, tazas de té o camisetas, para el arte socialmente comprometido su distribución popular debe ser la propia sociedad, las instituciones cívicas, el comportamiento cívico, la vida cotidiana de la gente. El Arte Útil debe ser parte de la cotidianeidad, ser un ejercicio de creatividad cotidiana.