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Terry Smith  
Octuber de 2009  

De: Smith, Terry. “What is Contemporary Art?" Part IV Countercurrents: South / North, chapter 9 The Postcolonial Turn,” Ed. University of Chicago. Chicago, United States (illust.)


pp. 163 - 165.


ISBN: 9780226764313

 

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El giro pos-colonial

de Terry Smith

 

Tania Bruguera es probablemente la más conocida de la actual generación de artistas contemporáneos cubanos.  En la pasada bienal, atrajo una extraordinaria atención internacional con su instalación «Sin título, 2000» realizada en una de las celdas de una fortaleza.   La obra incluía actores en vivo: hombres desnudos parados sobre bagazo rancio y putrefacto, en posiciones rígidas, como cadáveres, o moviéndose entre los espectadores.  Uno podía imaginarse claramente la esclavitud en la industria azucarera de la Cuba colonial.   Tampoco era difícil inferir la práctica de la Cuba revolucionaria de encarcelar a sus ciudadanos para reducirlos al silencio.  


También, en el patio de su propia casa, Bruguera reescenicifó una serie de obras de una conocida artista cubana, aunque no tan cubana como Tania, la fatídica, Ana Mendieta.  En 2003, Bruguera no fue incluida en la lista oficial de artistas invitados, sin embargo, «Autobiografía» fue la obra principal que se exhibió en el espacio de exposición temporal del Museo Nacional dedicado al arte cubano.

 

Esto fue un gesto atrevido y valiente de todos los interesados.  El gran espacio estaba vacío excepto por dos oradores en cada uno de los extremos y una plataforma en el centro sobre la cual se instaló un micrófono rodeado por tres paredes curvas.  Todo esto se hizo con los materiales más crudos: cartón, cajas de envase, tablas de pallet y similares.  El sonido se hacía sentir intensamente: consignas, la Revolución Cubana llamando a las armas y, por encima de todo, frases muy repetidas como «¡Libertad o Muerte!» «Hasta la Victoria Siempre» y «Viva Fidel». Sin embargo, casi todas estas frases eran escasamente distinguibles.   Pero poniendo atención, sobre todo si uno se acerca al micrófono, se descubre el poder rítmico [del sonido], su despiadada presencia, su capacidad de elegir individuos dispuestos, de formar multitudes, su confort uterino, su omnipresencia anuladora y su «quedarse corto»; un paisaje de recuerdos de cómo debió haber sido (dentro del cuerpo, en los oídos de la mente) crecer durante la Revolución.   En la instalación, se invitaba a los visitantes a grabar sus propias consignas, declaraciones o discursos, las cuales luego eran incluidas en la mezcla de sonido.  Lo que aquí estaba implícito era que las voces del pueblo podrían acabar ahogando a las voces de aquellos por quienes deberían hablar.   O quizás no...

 

«Autobiografía» se hacía eco, y en cierto sentido culminaba, una obra de arte anterior de Antonia Eiríz exhibida en la muestra histórica de arte cubano del Museo Nacional.  En 1969, Eiríz hizo «Una tribuna para la paz democrática», un cuadro vertical de grandes dimensiones que posiciona al espectador como orador a punto de subir a los micrófonos de la tribuna de la Plaza de la Revolución.  El podio es negro, las barricadas que rodean la plaza son rojas, al igual que las banderas que se agitan, banderas reales pegadas a la pintura.  Pero la multitud es una masa ondulante de marcas blancas y grises en oleadas, sin forma, fatalmente vacías: ¿esperan tomar forma o quedar sin ella para siempre? De un modo similar, Bruguera nos deja, solos pero en público, solos pero con muchos otros dentro del mismo espacio.  Con la diferencia de que, en su instalación, se han derribado las barricadas. La falta de forma está por todas partes.  Sin embargo, el estado, que claramente se escucha, puede tomar forma en cualquier momento.  Qué forma adopta depende, en parte, ¿qué parte?, de nosotros.

 

 

 

 

 

Traducido al español por Ernesto Alvarez Valdivia